ABC del Militante en Recreo, provincia de Santa Fe

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Los equipos técnicos de la Filial Santa Fe llevarán a cabo el viernes 17 de febrero el desarrollo del programa “ABC del Militante” en las instalaciones del Comité de la UCR de la localidad de Recreo en provincia de Santa Fe.

El ABC del militante es un curso del IML que intenta construir un ámbito de debate y aprendizaje respecto de las categorías teóricas de aplicación política y social más relevantes. Cuenta para ello con un manual que funciona como compilado de definiciones, categorías de análisis y conceptos que pretenden constituirse en un aporte a la capacitación básica de todo militante.

Con una metodología de trabajo altamente participativa, se pretende que los jóvenes militantes se familiaricen con dichas categorías, como precondición para incrementar las posibilidades de lectura de los procesos políticos y sociales de nuestra historia y en marcha

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10 Responses to ABC del Militante en Recreo, provincia de Santa Fe

  1. Héctor Claudio Palazzo dice:

    Apoyo al Presidente del Nacional de la UCR

  2. Hector Claudio Palazzo dice:

    09 Abr. 2012
    De Alfredo Leuco

    Golpe a los carapintadas
    Golpe a los carapintadas

    “Felices Pascuas, la casa está en orden”.
    Ya pasaron 25 años de aquel discurso.
    Quienes estuvimos en la plaza, jamás olvidaremos ese día en que el pueblo en la calle frenó un golpe de estado por primera vez en la historia.
    Ya pasaron 25 años y recuerdo el coraje cívico de miles y miles de personas que fueron a defender la democracia frente a los carapintadas que se habían levantado en armas.
    Había de todo.

    Columnas partidarias organizadas y muchas personas no encuadradas, muchos ciudadanos de a pie que fueron a poner el cuerpo para sostener la libertad y las instituciones.
    Y en esos momentos los militares todavía tenían poder y poder de fuego.
    Todavía conspiraban y muchos sectores se negaban a someterse a la ley y al único comandante en jefe de las Fuerzas Armadas constitucional que es el presidente de la Nación.
    Esos levantamientos de los carapintadas si que fueron destituyentes.
    Con tanques, con cuarteles tomados, con insubordinación de tropas, armados hasta los dientes y pintados para la guerra.
    “El chapulín colorado”, le decían a Alfonsín y lo acusaban de ser marxista y vengativo.

    Era el pasado más nefasto, el terrorismo de estado criminal que se resistía a dejarle paso a la soberanía popular.
    Hoy a la distancia, uno escucha que para el vicepresidente Amado Boudou y otros oficialistas, los destituyentes o los que conspiran contra la democracia son los medios de comunicación o algunos jueces y no puede creer semejante nivel de frivolidad.

    Aquellos carapintadas con fusiles en las manos si que conspiraron contra la democracia.
    Por suerte todos los partidos políticos estuvieron defendiendo la investidura de Alfonsín y su gobierno.
    Recuerdo que el peronismo, en lugar de ayudar a los golpistas como hubiera sido en otro momento de la historia, se sumó al balcón para sostener al gobierno elegido por el pueblo.

    Antonio Cafiero dio una vuelta de página y estuvo donde tenía que estar. Igual que los liberales de Adelina Dalesio de Viola.
    O los partidos de izquierda. De los radicales ni hablar. El partido de Alfonsín movilizó hasta su último militante.
    “Ojo con tocarlo a Raúl”, gritaban emocionados.

    Soy un convencido de que la movilización a Plaza de Mayo y a otras plazas del país puso un límite definitivo al golpismo.
    La gente común, hastiada de muerte y autoritarismo, apostó a la vida y la paz y fue a poner el cuerpo.
    Los diarios de la época hablan de 500 mil personas.
    Eran familias enteras que pusieron su corazón a disposición, frente a la Casa Rosada y que estaban dispuestos a marchar sobre los cuarteles si era necesario.
    Insisto: en esos tiempos, hace 25 años, si se corrían riesgos.
    La dictadura estaba a la vuelta de la esquina. Se había retirado solo formalmente del poder. Estaban agazapados.

    Ya pasaron 25 años de aquellas “Felices Pascuas la casa está en orden” y no puedo ignorar que también se puede hacer otra lectura de aquellos días de furia, de personajes nefastos como Aldo Rico o Seineldín, entre otros subversivos.
    Fueron momentos de mucha tensión.
    Pudo haber sido una masacre, el comienzo de una guerra civil.

    Alfonsín salió al balcón exactamente a las 14.40 horas.
    A la multitud se le cortó el aliento. Dijo con voz de mando que se iba en helicóptero a Campo de Mayo para ordenarle que se rindieran a los sediciosos.
    Todos ovacionamos su coraje y quedamos a disposición.
    En muchas plazas del país pasaba lo mismo.
    La bronca contra la dictadura hervía en la sangre. Mucha gente fue cercando las unidades militares rebeldes.
    Eran espontáneos que estaban dispuestos a ponerle el pecho a las balas.
    El país estaba paralizado. Era un polvorín a punto de estallar.
    Miles y miles de ciudadanos democráticos desarmados frente a cientos de militares dispuestos a todo.

    El presidente rezó unos minutos en la capilla y se fue al territorio enemigo sin custodias ni escolta.
    Cuando volvió fue más cauto en su lenguaje. Ya no eran sediciosos eran hombres amotinados.
    ¿Se acuerda de ese momento? “Compatriotas, felices pascuas, los hombres amotinados han depuesto su actitud.
    Como corresponde, serán detenidos y sometidos a juicio”.

    Un balde de agua fría cayó sobre mucha gente que sospechó que Alfonsín había negociado.
    En términos jurídicos, amotinados no era lo mismo que sediciosos.
    Encima después dijo que eran héroes de Malvinas y empezaron los primeros silbidos.
    Sobre todo de la izquierda y del peronismo. ¿Héroes de Malvinas? ¿Era el momento de decir eso?.
    ¿Cuál era el motivo de ese elogio para quienes unas horas atrás eran fanáticos golpistas?
    Después se levantaron dos veces más contra decisiones de la frágil democracia.
    Alfonsín nunca se arrepintió de haber dicho lo que dijo, pero admite que se pudo haber equivocado.
    Para muchos argentinos su prudencia y responsabilidad evitó el baño de sangre.
    Para otros, esa actitud les sonó a perdón y a negociación.

    Muchos se sintieron defraudados, traicionados por Alfonsín.
    Creyeron que había claudicado y que había cedido a los reclamos de los carapintadas.
    La historia irá acomodando los tantos en el camino.
    Para muchos fue la primera gran desilusión en democracia y para otros fue la capacidad de un estadista que resolvió el problema con el menor costo posible en vidas.
    Alfonsín juró una y mil veces que no hubo pacto ni repliegue.
    Al final de su discurso dijo que “Hoy podemos dar gracias a Dios, la casa está en orden y no hay sangre en la Argentina”.

    Lo cierto es que 44 días después la Cámara de Diputados sancionó la Ley de Obediencia Debida que era el principal reclamo de los carapintadas.
    Después vino el Punto Final y el Indulto de Menem.
    Pero aquel domingo de Semana Santa, Raúl Alfonsín pagó un costo político.
    Se quebró ese romance entre su figura y parte de la multitud.
    Ese liderazgo arrollador comenzó a desmoronarse y lo pagó en las elecciones.
    Es uno de los grandes dilemas de los argentinos de aquel día, hace 25 años. Porque ambas cosas resultaron ciertas.
    Aquel día fue el comienzo del fin de su gobierno pero también el comienzo del fin de las dictaduras en Argentina.
    Fue el verdadero Nunca Más.

  3. Hector Claudio Palazzo dice:

    El tiempo en que hizo enojar a los radicales

    Hubo un tiempo en que Tomás Eloy Martínez ofendioa a la democracia y radicalismo. Fue en el 65, cuando arreciaba la ofensiva de ciertos medios de prensa destinada a desacreditar al gobierno de Arturo Illia. Ofensiva que abonaría el cultivo para el golpe de junio del 66 que terminó con aquella administración.

    El abogado Emilio Gibaja es uno de los radicales que mantiene enojos por el rol que, a su criterio, cumplió Tomás Eloy Martínez en aquella campaña. Gibaja, 74 años, tiene forjada una dilatada trayectoria en la UCR, partido al que ingresó siendo muy joven. Como presidente de la FUBA, en los primeros años de la década del 50 militó en el antiperonismo duro, posición que le acarreó cárcel y tortura junto -entre otros dirigentes estudiantiles- a Félix Luna, por entonces titular del Centro de Estudiantes de Derecho.

    Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, Gibaja fue secretario de Información Pública. En dos libros de aparición en los últimos años, Gibaja recuerda muy mal a Tomás Eloy Martínez en relación a los días de Illia. En uno de ellos -“La Democracia Derrrotada. Arturo Illia y su época” (Edt. Lumiere, 2008), con prólogo de Marcos Aguinis y del que Gibaja es autor junto con el periodista Rodolfo Pandolfi- no se nombra a Tomás Eloy Martínez. ¿Cuál es el motivo del enojo?: una entrevista formulada por el periodista a la esposa de Illia, Silvia Martorell. “El reportaje fue hecho por Tomás Eloy y si nosotros ahora no lo nombramos es por? qué se yo? esas cosas”, señaló Gibaja tiempo atrás a este diario.

    La entrevista fue publicada en la edición del 17 de agosto de 1965. A juzgar de Pandolfi-Gibaja (págs. 79/80), tuvo como objetivo ridiculizar a la esposa del mandatario. Los autores del libro abundan en apreciaciones sobre la nota. “Silvia Martorell de Illia, una mujer enferma que moriría un año más tarde, fue elegida por la revista golpista ´Primera plana´ como blanco de ridículo. Se le hizo un reportaje siniestro mediante el sistema de textualizar en forma absoluta todo lo que decía, incluyendo los modismos argentinos y las observaciones marginales del momento”, sostienen Gibaja-Pandolfi con abundancia de observaciones sobre la intencionalidad de la entrevista. Publican incluso el reproche que, por el estilo aplicado, le formula a Tomás Eloy Martínez días después de la publicación el ya desaparecido periodista Osiris Troiani.

    Gibaja también aborda el tema en una entrevista que el polémico historiador Felipe Pigna le realiza sobre la caída de Illia para su libro “Lo pasado pensado” (Edt. Planeta).

    Ahí, al reflexionar sobre la actitud de la prensa en relación a la administración Illia, Gibaja precisa: “Se veía que toda o casi toda la prensa del país estaba en la campaña para desprestigiarlo y no se hacía nada.

    “Los semanarios ´Primera Plana´ y ´Confirmado´ estaban en la campaña total con Mariano Montemayor, con Jacobo Timerman, con todos ellos. Ciertos intelectuales de izquierda estaban jugando al golpe. Y la derecha ni hablar. Timerman era un golpista enfervorizado, tenía de socio al comodoro Güiraldes, que era golpista. Llegaron a las cosas pequeñas. Le encargaron a Tomás Eloy Martínez un reportaje a la señora de Illia y la hizo quedar como una señora gorda que no sabía hablar. Era maestra la señora Ema. Un reportaje con tan mala leche, porque uno lo ve escribir ahora y uno dice: ´A la pucha, qué bien escribe este tipo, como se rebajó a una cosa así´. Montemayor, facho total, franquistas todos. ´Primera Plana´ y ´Confirmado´ estaban decididos a la campaña anti-Illia. Parte de ´Clarín´ a veces y los canales privatizados, lo mismo. Illia no quería usar Canal 7 para defenderse ni para difundir nada”.

  4. Hector Claudio Palazzo dice:

    Es tal el desprecio por la libertad de expresión de quienes nos gobiernan y su autoritario entorno que estas reflexiones de la Dra. Gudici creó son más que oportunas.

    El desprecio hacia la prensa

    Por
    Silvana Giudici

    El presidente de Uruguay, José “Pepe” Mujica, visitó nuestro país el 9 del mes actual y mantuvo una reunión con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la residencia de Olivos durante 45 minutos.
    Luego del encuentro, y ante el requerimiento periodístico, el vocero presidencial se limitó a contestar: “Se reunieron para tratar cosas normales entre presidentes”.
    Que la sorpresiva visita del presidente uruguayo, enmarcada en un contexto de conflictividad internacional debido a las restricciones impuestas por nuestro país al comercio exterior, se intente minimizar como una visita rutinaria es parte de la estrategia de negación de los problemas a la que el gobierno nacional nos tiene acostumbrados desde hace nueve años.
    Pero la respuesta del vocero Alfredo Scocimarro se vuelve un estilete más clavado en la sangrante herida que la gestión de Cristina Fernández de Kirchner le inflige, cada vez que puede, al derecho de acceso a la información pública de todos los ciudadanos.
    Los actos de los presidentes siempre son de interés público y sus decisiones, inherentes a los ciudadanos.
    La respuesta del vocero oficial altera ese principio para ajustarse a la estrategia comunicacional del “relato oficial” benevolente construido para justificar los excesos del poder y las arbitrariedades del “modelo”.
    La convocatoria a una “conferencia de prensa” -sin admisión de preguntas- en la soledad del senado el Jueves Santo demuestra que la crisis política que atraviesa el Gobierno es más fuerte de lo que se advierte
    La explicación sobre la visita del presidente Mujica llegó en medio del silencio presidencial sobre la situación judicial del vicepresidente, Amado Boudou, por el caso Ciccone, extendiendo el manto protector del hermetismo presidencial como un velo de complacencia o complicidad. ¿Cómo podría explicar el vocero los hechos de los que fuimos testigos millones de argentinos durante la Semana Santa de 2012?
    La convocatoria a una “conferencia de prensa” -sin admisión de preguntas- en la soledad del senado el Jueves Santo demuestra que la crisis política que atraviesa el Gobierno es más fuerte de lo que se advierte, pero también expresa el desprecio que desde el poder se tiene por la verdad y el derecho a saber de todos los ciudadanos.
    La imposibilidad de formular preguntas acabó abruptamente con el insólito paso de comedia que desplegó el vicepresidente para acusar a otros y desligar su responsabilidad en infinidad de acusaciones y denuncias de confabulaciones en su contra. También terminó con el respeto por la libertad de expresión, la libertad de prensa y la valoración de la labor de los periodistas como pilar del sistema democrático.
    En un país donde el ataque a medios y periodistas es moneda frecuente, muchos no se horrorizaron al escuchar las acusaciones del vicepresidente a los periodistas. Esbirros, esclavos, empleados de mafiosos fueron palabras repetidas en la letanía de su exposición.
    Esos adjetivos ofenden a sus destinatarios, pero mucho más ofende a la sociedad la actitud de un gobierno que naturaliza el ataque a los periodistas, coarta la libertad de prensa promoviendo normas en contra de los principios constitucionales, no brinda conferencias de prensa ni acepta preguntas y, con todo esmero, obstruye la sanción de leyes fundamentales como la de acceso a la información pública o la de regulación transparente de la publicidad oficial en el Congreso Nacional.
    En un país donde el ataque a medios y periodistas es moneda frecuente, muchos no se horrorizaron al escuchar las acusaciones del vicepresidente a los periodistas
    La defensa de la libertad de expresión no es un debate ajeno ni un conflicto de intereses entre un gobierno y determinados medios, sino un derecho de cada uno de los habitantes de nuestro país. Brindar información pública y, por sobre todas, las cosas rendir cuentas es obligación de los gobernantes.
    Nadie está exento del ojo escrutador de la ciudadanía ni fuera del alcance de la Justicia en una democracia sana, y eso justamente es lo que hoy se pone en debate.
    Ya señalaba el juez Black hace más de cuatro décadas en un fallo de la Corte Suprema norteamericana sobre la filtración de “los Papeles del Pentágono” y la guerra de Vietnam en The New York Times: “Sólo una prensa libre y sin cortapisas puede expresar eficazmente su decepción por la actuación del gobierno”.
    Un periodista que se anime a expresar hoy en la Argentina algo que no sea adulación hacia el Gobierno se convierte en esbirro, esclavo o enemigo de la patria.
    Ante esta formidable presión cabe preguntarse: ¿hasta cuándo resistirán los que se siguen animando?
    Buenos Aires 20 / 04 / 2012
    La autora ex diputada de la UCR preside la Fundación LED (Libertad de Expresión + Democracia)

  5. Hector Claudio Palazzo dice:

    Transcribo este excelente análisis Brent J. Carbajal sobre la novela “No habrá mas penas ni olvido” de Osvaldo Soriano.
    Héctor Claudio Palazzo

    NO HABRÁ MÁS PENAS NI OLVIDO DE OSVALDO SORIANOA

    Brent J. Carbajal*
    Department of Modern and Classical Languages Western Washington University* Bellingham, WA 98225-9057 U.S.A

    Dirección para Correspondencia

    ——————————————————————————–

    La Argentina de los años 70 sirve de escenario y trasfondo para una de las novelas más exitosas y políticamente directas de Osvaldo Soriano (1943-1997). Publicada en 1982, durante el exilio de Soriano, No habrá más penas ni olvido es la historia de una batalla sangrienta entre facciones peronistas. Más que nada, sin embargo, es el cuento alegórico de un pueblo argentino frustrado, harto de ser manipulado por los misteriosos mandamientos de un gobierno alejado tanto de la cotidianeidad de los ciudadanos como de los sueños del país. Mediante el uso de una narración y un diálogo sumamente gráfico y recursos asociados con el humor negro, Soriano logra una tragicomedia que apela a diversas emociones del lector y que señala la naturaleza humana del peligroso conflicto político en la Argentina.

    Caracterizada por una trama bastante sencilla, el efecto emocional que produce No habrá más penas ni olvido resulta de la simple incredulidad de que algo tan horrible puede sobrevenir a alguien por una acusación falsa y una situación tan inocente. El hecho de que mueran tantos personajes de la novela sorprende al lector por la fácil y básica razón de que la matanza parece deberse a malentendidos, a un dogmatismo ciego y a una política malinterpretada. Una vez iniciada la novela, el lector rápidamente se entera que no hay cómo detener la violencia ni hay límites que la definan. Las imágenes que perduran, entonces, son de las acciones y reacciones de los agentes de dos peronismos que protagonizan un macabro “tango” dotado de toda la emoción y tradición del baile nacional. Como explica Carlos Roberto Morán (1984) no es ninguna coincidencia que el título de la novela hubiera sido tomado del famoso tango de Carlos Gardel “Mi Buenos Aires querido,” del que incluye los versos “cuando yo te vuelva a ver/no habrá más penas ni olvido” (247). No es nada difícil imaginar la verosimilitud de estos versos en relación con los pensamientos de miles de argentinos, exiliados o no de su país. Además, el romanticismo que caracteriza el tango también describe la manera como Ignacio Fuentes, el protagonista, se aferra a su peronismo y a su manera de ver la realidad política de su país.

    Como en muchos sentidos, esta novela es una alegoría de la Argentina de mediados de los 70, sirva aquí una breve reseña de cómo Osvaldo Soriano percibía la realidad política de la época. Interesadamente, muchos creen que la novela fue escrita durante el exilio, pero el autor ha recalcado muchas veces que sólo fue publicada durante su estancia en Europa y que fue escrita cuando todavía habitaba su país natal. Por esa razón, la inmediata visión política de Soriano influyó muy directamente en su texto. Como explica a Daniel García Molt en una entrevista de 1987

    Escribí No habrá más penas ni olvido en el ’74.
    Y la escribí acá, aunque muchos creen que fue durante el exilio. (…) Yo estaba muy sensibilizado por lo que ocurría en el país. (…) Todo esto, que tiene explicaciones políticas, a mí me parecía poéticamente siniestro. Y me pareció un material interesante para trabajar (…) (134).

    En el prólogo a la primera edición publicada en España, Soriano explica la acción de su novela, situada durante el último gobierno de Juan Domingo Perón. Pero, mientras el enfrentamiento entre facciones peronistas sucedió, en realidad, en las grandes ciudades argentinas, Soriano hace que los sucesos de su novela tengan lugar en Colonia Vela, un pequeño pueblo de provincia, pueblo que aparece también en otras novelas suyas. En cuanto al trasfondo peronista, Soriano dice en el prólogo que el peronismo estaba dividido en dos facciones: la que veía a Perón como líder revolucionario de las masas y la que quería usar su vuelta al poder sobre las masas para impedir cualquier futura victoria de dichas masas (140). Según Soriano

    Perón iniciaría una implacable depuración de elementos izquierdistas de su movimiento.
    (…) Perón utilizó una curiosa estrategia de gobierno: descalificó como infiltrados a aquellos a quienes todo el país conocía como peronistas, (…) y bendijo como peronistas a muchos advenedizos que habían contribuido a su caída en 1955 (141).

    Tal es la situación sociopolítica de No habrá más penas ni olvido: la lucha entre la izquierda y la derecha del peronismo. Ignacio Fuentes, el delegado municipal, y los que luchan con él representan a los peronistas de la primera hora y quienes los acusan de ser infiltrados son los peronistas derechistas. Como todo esto tiene lugar en un pueblo donde todos se conocen y donde todos están enterados de la opción política de su prójimo, la ironía de la batalla se subraya aun más. Claro que el horror de las muertes y de la tortura se nota probablemente más, pero lo absurdo de todo, el hecho de que algo así pase en un lugar así, deja una impresión muy fuerte también. Refiriéndose a este hecho, Carlos Roberto Morán dice que la novela

    empieza con la boca abierta provocada por la carcajada y concluye con esa misma boca abierta que emite el grito causado por la angustia y el dolor. Cosas menores, leves, se transforman en cuestiones mayúsculas y aleves. Nada es sustantivo: basta con que los unos sospechen de los otros para que comience el “diálogo” de las balas (247).

    Los episodios violentos que constan en este “tango” peronista forman la base del argumento de la novela. En fragmentos cómicos, horroríficos pasajes descriptivos, diálogos directos y acción a veces frenética, el tema principal se vislumbra: los argentinos están matando a los argentinos; ambos, iróni-camente, invocando el nombre de Perón. Los intérpretes de este trágico baile se aferran totalmente a su visión peronista (casi se podría decir “romántica-mente” en el caso de Ignacio Fuentes y quienes lo defienden) pero, al final, parece ser sólo el componente nostálgico del tango, el concepto político idealista que sobrevive. La realidad peronista es contradictoria y resulta en tragedia.

    La novela comienza con acusaciones políticas contra Ignacio Fuentes, el delegado municipal de Colonia Vela, y su asistente Mateo. Nunca se sabe exactamente por qué existen estas acusaciones ni quiénes las han promulgado, pero el ambiente descrito es uno de corrupción y de división política. Que Fuentes y su “administración” sean acusados de infiltrados y marxistas-comunistas es irónico porque Fuentes y quienes lo rodean invocan el nombre de Perón varias veces durante el conflicto, jactándose de ser buenos peronistas. El responsable de “limpiar” el gobierno municipal de elementos marxistas, el Secretario Suprino, también se considera peronista pero, obviamente, de otra índole. Así, rápidamente se configuran dos grupos de combatientes, el de Ignacio y el de Suprino. Aquél, un grupo de “hombres medios,” cuenta con la ayuda de personajes cómicos como un borracho delincuente, un placero y otros ciudadanos. Éste, una pandilla de oficiales y soldados de otros lugares, goza de más armas, más hombres y más táctica guerrillera.

    Lo que sucede, entonces, es una especie de golpe de estado. Fuentes y sus seguidores se encierran en el municipio y se defienden contra Suprino y sus partidarios, cuya misión es eliminar a los “marxistas”. Se derrama mucha sangre durante la batalla y muchos de los protagonistas mueren o salen heridos. Como ya se ha mencionado, sin embargo, el horror de esta serie de eventos está salpicado de momentos cómicos. El lector casi tiene que reírse a pesar de la violencia cuando el piloto Cerviño, con su avioncito “Torito,” ataca a Suprino y sus hombres con DDT y luego con estiércol. Un alto grado de humor, también, se realiza cuando miembros de los dos bandos gritan “Perón o muerte” al atacar al enemigo.

    Curiosamente, el “tango peronista” del título que resume el enfrenta-miento armado entre dos facciones de un solo movimiento, se realiza a partir de bases o causas bien débiles: acusaciones falsas. En una conversación con el placero Moyano, Fuentes recalca la ridiculez de la acusación contra ellos

    —Nos quieren echar.
    —¿Por qué, don Ignacio?
    – Dicen que no soy peronista.
    —¿Que no es peronista? –el placero se rió–; yo lo vi a usted a las piñas acá con Guzmán por defender a Perón (23)1

    Un poco después, hablando con su esposa, Fuentes se compara con Perón, diciendo: “Hay revolución, vieja. ¡Me hacen una revolución! ¡Como a Perón!” (25). En un anuncio dado por parlantes, sin embargo, se describe a Fuentes y Mateo como marxistas: “¡Compañeros! ¡De pie en apoyo del secretario general del justicialismo, compañero Suprino! ¡Hagamos tronar el escarmiento contra la oligarquía marxista!” (25).

    José Delgado Costa afirma este mismo punto cuando recalca el hecho de que en la novela “verdaderamente no hay buenos y malos, de que el país está dentro de una ola de oportunismo y terror, dividido en bandos que olvidan la parte humana por la cual, supuestamente, luchan” (2002: 92). Es decir, que el horrible conflicto armado se debe a una división o crisis social cotidiana. El oportunismo político, intereses creados y alianzas partidistas han vencido a un pueblo que antes era un solo pueblo. Soriano subraya esto por situar su tragicomedia en un pueblo donde todos se conocen y donde, realmente, no hay lugar a dudas en cuanto a política. Por cierto, y tocante al asunto, Fuentes dice: “¿Qué es eso de que Mateo es comunista? Cuando echaron a Perón, en el ’55, ya estaba en la municipalidad. Estuvo después, estuvo siempre. Nunca le pregunté si era comunista. Bolche es Gandolfo. De siempre fue, pero lo saben todos. Es el único en Colonia Vela. Tiene la ferretería y nadie lo jode” (22).

    Otro ejemplo de identidades falsas y la facilidad con la cual los derechistas aceptan identificaciones, tal vez erróneas con tal que cumplan con sus metas, es cuando Suprino cree haber matado a Fuentes. La verdad es que está muerto el loco Peláez, pero Suprino dice: “Para mí es Ignacio. (…) Salió a morir como un héroe el boludo” (77). La aceptación y uso de etiquetas, slogans y falsas identificaciones contribuye a la división peronista en la novela y resulta en la lucha casi fratricida que es No habrá más penas ni olvido.

    En cuanto al humor que sirve de contrapunto al horror del conflicto armado, es interesante notar que, casi siempre, resulta del comportamiento de uno de los defensores de Ignacio Fuentes. Las cómicas maniobras del borracho Cerviño con su avioncito “Torito,” la del no menos borracho Juan Ugarte y del oportunista Sargento García entretienen al lector mientras se horroriza ante la seria brutalidad del otro aspecto de la novela. Todo esto parece devenir de otro importante elemento: los adversarios y combatientes son vecinos, son argentinos medios con debilidades y vicios como cualquier hombre. El elemento humano, a pesar de lo que ha dicho Delgado-Costa más arriba, no se ha perdido aquí; lo humano es el elemento cómico y trágico, el aspecto del tango que expresa tanta emoción y tanto dolor.

    No es necesario dar muchos ejemplos del elemento cómico de la novela (basta leer las primeras tres páginas para saber que Soriano cuenta con un tono humorístico), pero hay dos episodios que ejemplifican, muy bien, tanto la división en el peronismo como lo humildemente “humano” de los llamados “infiltrados.” En primer lugar, el reclutamiento emprendido por Fuentes para defender el municipio sirve de ejemplo. Cuando Fuentes llega al municipio después de haberse enterado de las acusaciones, se topa con dos agentes de policía. Para convencer al agente García que debe dejarle paso al municipio, le ofrece un ascenso de rango y un aumento. García acepta y lucha con Fuentes durante toda la campaña, pero por razones oportunistas; al final ha subido al rango de sargento. El orgullo y egoísmo humanos se notan en García y se manifiestan en episodios graciosos. Cuando el borracho Juan Ugarte entra en el municipio y trata a García de “agente”, García le corrige inmediatamente diciendo: “Cabo (…) ahora soy cabo” (34). Por su parte, Ugarte comenta este repentino ascenso y la apuntación es cómica: “¡Qué te parió que subiste! Bueno ahora me voy ¡La vida por Perón!” (34). Fuentes ha contado con el egoísmo y con el oportunismo de su prójimo para que García se adhiera al bando, y ver cómo García corre el riesgo de morir para recibir dos asensos en un solo día es gracioso y llamativo de la naturaleza humana.

    Las reacciones de Ignacio Fuentes y de sus hombres, cuando reciben comunicaciones del intendente del otro bando, constan como buena evidencia del humor que casi puntúa esta narrativa. El siguiente intercambio de mensajes sirve de ejemplo. El primer mensaje viene del intendente derechista, el segundo es la respuesta de Fuentes

    Señor delegado. Está acusado de infiltrado y subversivo. Presente su renuncia y lo llevaremos ante el Tribunal del Partido. Perón o muerte.
    (…) Váyase a la reputa que lo parió. Perón o muerte (49)

    La jerga peronista y las palabrotas empleadas por Fuentes en contes-tación al muy formal mensaje del intendente reflejan lo que es para el lector algo muy humano: ironía y parodia. Para demostrar que los derechistas no son más peronistas que él, Fuentes se sirve de un lenguaje parco y simple y, claro, del slogan peronista.

    Finalmente, después de las muertes de Ignacio, Mateo, Cerviño, Moyano, y otros, se encuentra un ejemplo más del humor irónico de la novela. Al presenciar la muerte de Cerviño (quien antes de fallarse les pide que le digan su historia a Perón) García y Ugarte comentan los cielos despejados y la belleza del día después de la larga noche de lluvia y de muerte. Lo irónico es que García describe el bonito día como “un día peronista” (131) después de que el peronismo ha sido la causa de toda la violencia anterior. Otra vez se recalca la división entre el peronismo, “el tango” si se quiere, desde ese punto de vista político. Interesantemente, como las palabras del título de la novela y las del tango de Gardel, se evoca cierto optimismo romántico en las últimas palabras de la novela. Muchos de los protagonistas han muerto, sí, pero no se van a olvidar a ellos y se espera un día mejor. En casi todas las novelas de Soriano hay algo de esperanza y optimismo y No habrá más penas ni olvido no es ninguna excepción. El último diálogo entre Ugarte y García recalca el optimismo que acompaña la memoria y señala el hecho de que si la historia de Fuentes y los suyos se registra, el porvenir no puede sino ser mejor. Lleno de orgullo “patriótico”, García le explica a su compañero que después de ganar contra los derechistas (para que valgan las muertes de Fuentes y otros) van a traer a Perón a presenciar la victoria. Ugarte le acusa de ser loco. El diálogo sigue así

    —¿Loco? Le vamos a mostrar cómo quedó el pueblo, le vamos a contar de Ignacio, de Mateo, de Cerviño, de todos los que dieron la vida por él.
    (…)
    – Cuando lo sepa se va a emocionar el viejo.
    —Va a hablar desde el balcón del municipio y los milicos no van a saber dónde meterse del cagazo (131).

    El lector sabe que Perón no va a venir para celebrar ninguna victoria ganada por “el pueblo”, pero el optimismo humano, ese espíritu comunicado en las palabras del tango, se expresa claramente en el desenlace de la novela. En un comentario que hizo para una entrevista con Eduardo Montes Bradley, Félix Samoilovich dice:

    Y la última frase, ese “un día peronista,” cuando sale el sol y los han destrozado, muestra al mismo tiempo lo que tenía el peronismo de apuesta de gente simple, humilde y honesta, y la catástrofe que significó. Creo que hay que leer No habrá más penas ni olvido para saber lo que Soriano pensaba del peronismo. Ni en pro ni en contra, lo que él diferenciaba era el peronismo de arriba del de abajo. Eso lo tenía muy claro (2003: 146).

    No habrá más penas ni olvido es, finalmente, una novela doble, exacta-mente como el peronismo está reflejado temáticamente y tanto como la natu-raleza bipartita del género de la tragicomedia y del humor negro. Los versos del famoso tango de Gardel sintetizan un acercamiento romántico a la política argentina y, a la misma vez, documentan el dolor y el sufrimiento que había que atravesar pero que no serán olvidados. La naturaleza doble y dividida del peronismo se enfatiza, pero la ironía y la gracia con las cuales Soriano relata su novela hacen que el aspecto humano y popular no se olvide y que se aclare, un poco más, un período crucial de la historia política de la Argentina.

  6. Héctor Claudio Palazzo dice:

    Este enfoque de Enrique Valiente Noailles es sumamente conceptual respecto a los discursos del poder que no son “de película”.
    Héctor Claudio Palazzo

    Domingo 01 de julio de 2012 | Publicado en edición impresa
    La película peronista
    Por Enrique Valiente Noailles | LA NACION
    Después de una semana de contrapunto entre Cristina y Moyano, comienza a hacerse evidente que ambos comparten una característica que duele y que se nota en los discursos: están alejándose del apogeo de su poder. Moyano lo muestra en una plaza lejos de ser lo que pretendía y la Presidenta lo muestra en el deterioro de su imagen en las encuestas y el nerviosismo con el que toma todo lo que se le opone.
    Los monólogos que ambos enarbolaron coinciden también en que son cada vez menos creíbles. El discurso de Moyano hace agua porque es meramente oportunista: salió a la luz cuando su pacto de negocios se terminó. En el otro caso, como dijo con precisión un sindicalista, a Cristina no le coincide el audio con el video. Efectivamente, mientras la película corre por un andarivel, el relato lo hace por otro. No son paralelos, sino cada vez más divergentes. Por eso cada vez es más difícil sostener el dogma. La eficacia del relato, aún para quienes adhieren ideológicamente a él, está entrando en una fase de despresurización. Se mantiene estático y repetitivo frente a una realidad que avanza a toda velocidad y se complejiza.
    Por caso, tildar todo lo que se cruza de ser un intento desestabilizador, al mejor estilo de la 125, es la evidencia de que se usa un número restringido de categorías para comprender la realidad, y que en alguna hay que encasillar los acontecimientos. Así, las interpretaciones de lo que ocurre ganan cada vez más en artificialidad. Sin contar con que se denuncian males de los cuales se es la causa.
    Por su lado, Moyano ha venido a ponerle subtítulos a la película. Su fuerza radica en la incorrección política con la que es capaz de decir las cosas, algunas directamente hacia la Presidenta. Pero también él es inverosímil. Hubo un pequeño pero revelador momento en su discurso, en el cual se preguntó a sí mismo, pícaramente, luego de haber citado varias veces a Perón, si alguno creería que él es peronista. La pregunta revela la situación de desdoblamiento de alguien que se mira de afuera mientras está actuando e intentando convencer al resto de que efectivamente lo es.
    Todo este peronismo declamatorio es caricaturesco. Una cosa es ser peronista y otra utilizar al peronismo como un medio para los propios fines. Y cada uno reclama para sí el verdadero peronismo, como si interpretaran un palimpsesto de la Antigüedad, una verdad revelada.
    Pero a la larga, Moyano le hizo un favor a Cristina: al reclamar sólo por el impuesto a las ganancias y la universalización de las asignaciones familiares, eclipsó los reclamos ante la inflación, inseguridad y otros temas más candentes. En ese punto, el camionero acalló también el audio frente al video. Sin embargo, la película se está complejizando y será cada vez más difícil ignorarla con subtitulados falsos o doblarla con el sonido de los propios deseos. De hecho, quienes creen escribir el guión y dirigirla se están convirtiendo imperceptiblemente en actores de una trama que cada vez menos gobiernan

  7. Héctor Claudio Palazzo dice:

    DESAGRAVIO A LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA

    Ya lo tuvo el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y el de Bolivia, Evo Morales. Ahora le toca el turno al ecuatoriano Rafael Correa .
    La facultad de Periodismo de La Plata le entregará al mandatario el premio Rodolfo Walsh, en la categoría de Presidente Latinoamericano por la Comunicación Popular
    Por este medio quiero rendir un profundo y sentido desagravio a fundadores, sabios, científicos, docentes, artistas o operarios de la Universidad Nacional de la Plata.
    Considero que el usar los emblemas, sellos y títulos de esta señera casa de estudio a fin de condecorar a un dictador que atropella y atenta en forma procaz y violenta las libertades constitucionales de su país, muy particularmente la de expresión y prensa; avergüenza a quienes hemos con orgullo egresado desde que fue fundada en 1905 por el doctor Joaquín Víctor González y que contribuyo al conocimiento y erudición de la Argentina, América Latina. También acogió en sus claustros a notable del mundo alguno de más que notables.
    Héctor Claudio Palazzo
    Médico Egresado año 1972

  8. Hector Claudio Palazzo dice:

    Este articulo de Norma Morandini considero que es esencial para
    entender donde y en que estamos viviendo en materia de Derechos Humanos.
    Su lectura es algo más prolongada que lo común pero me conmovió.
    Si te interesa compartiremos tu opinión.
    Con inquietud pero esperanzado.
    Héctor

    Derechos humanos
    Sábado 12 de enero de 2013 | Publicado en edición impresa
    Asado en la ESMA
    Los que bailan sobre nuestros muertos
    La reunión de fin de año organizada por el Ministerio de Justicia en el centro clandestino de detención más emblemático de la dictadura desnuda la ignorancia que existe acerca de lo que ocurrió allí y el uso político de los derechos humanos
    Por Norma Morandini | Para LA NACION
    Comentá9

    No quiero la ESMA, ni la renuncia de los funcionarios, ni siquiera un pedido de perdón. Han ido demasiado lejos, pasaron los límites de los que cuesta regresar. Profanaron. Pisotearon lo que es sagrado, la dignidad de lo humano. Por eso el problema no es de los que hemos honrado a nuestros desaparecidos sin hacer de sus sacrificios un oportunismo político , sino de los que pueden bailar sobre nuestros muertos.
    Reducidos a fantasmas, vale para los desaparecidos la condición de muertos vivos, separados del mundo y por eso desconocidos. De modo que no se puede bailar sobre lo que no existe sin antes exorcizar esa monstruosidad que significó hacer desaparecer los cuerpos para negar el crimen, lo que nos obliga a los sobrevivientes a repetir sus nombres hasta nuestro último aliento. Quien sea incapaz de reconocer y respetar lo que significa ese calvario ha sido tragado, deformado por esa misma monstruosidad.
    La ESMA fue mucho más que una cárcel clandestina. Fue el más tenebroso experimento de crueldad que unió a “los réprobos con sus demonios, al mártir con el que encendió la pira”, tal como describió Jorge Luis Borges en una crónica memorable escrita el día en que asistió al Juicio de las Juntas y escuchó el testimonio de uno de los sobrevivientes de la ESMA.
    Yo estaba entre aquella centena de personas que, como el escritor, asistían incrédulos a lo que Borges luego narró: “Ocurrió un 24 de diciembre. Llevaron a todos los presos a una sala donde no habían estado nunca. No sin algún asombro vieron una larga mesa tendida. Vieron manteles, platos de porcelana, cubiertos y botellas de vino. Después llegaron los manjares (repito las palabras del huésped). Era la cena de Nochebuena. Habían sido torturados y no ignoraban que los torturarían al día siguiente. Apareció el Señor de ese Infierno y les deseó Feliz Navidad. No era una burla, no era una manifestación de cinismo, no era un remordimiento. Era, como ya dije, una suerte de inocencia del mal. ¿Qué pensar de todo esto?”
    La pregunta está aún sin responder y depende más de la filosofía y la teología que de la política y la historia. Si para Borges aquella noche el mal se vistió de inocencia, el asado en la ESMA organizado a fin de año por el ministro de Justicia, Julio Alak, carece precisamente de inocencia. No sólo desnuda la dureza de los corazones, sino una concepción de poder que cree que alcanza con una murga para llenar de vida lo que es un lugar tenebroso: la ESMA está poblada de los gritos de dolor de los torturados, de la inocencia, sí, de los que creyendo que los “trasladaban” en aviones terminaron con cemento en los pies en el fondo de los ríos, y del llanto de los bebes que nacieron en cautiverio con sus madres esposadas, con los ojos vendados.
    De todo lo que escuché en el Juicio a las Juntas, lo que menos pude olvidar fue aquel mes de julio en el que se reconstruyó lo que sucedió en la ESMA. Las presas desaparecidas que eran sacadas a la noche para cenar, la “parrilla” en la que asaban los cadáveres, la complicidad de los dirigentes de Montoneros con la megalomanía del almirante Massera, que soñaba con ser el nuevo Perón de la Argentina, a la que ahora se nombra eufemísticamente como “obligados a esclavitud”. No se trata de hacer un juicio moral, ya que ninguno de nosotros puede imaginar siquiera qué hubiera hecho en ese lugar, sino de evitar una nueva falsificación.
    No hay héroes en esta escabrosa historia, tan sólo víctimas. Y muchísimo dolor. Entre ellos, el de mi familia y el mío propio. Sin embargo, debí esperar mucho tiempo para mostrarlo sin que me eludieran. Cubrí el Juicio a las Juntas como periodista, pero como hermana de dos presos desaparecidos aproveché aquellos meses para mostrar a los sobrevivientes las fotografías de mis dos hermanos, Néstor y Cristina, presos desparecidos el 18 de septiembre de 1977 en Buenos Aires. En busca de alguna información sobre sus destinos. El primer indicio que tuvimos de que pudieron estar en la ESMA me lo dio una sobreviviente sin ninguna precisión. Mi madre está entre las fundadoras de la organización Familiares de presos y desaparecidos de Córdoba, mi hermana participó activamente junto con los organismos de derechos humanos cuando entrañaba riesgos, desprecio y pérdidas de trabajo. No fuimos ni somos una familia que eluda la verdad, por eso resulta cruel que nos hayamos enterado por el diario español El País de que Néstor y Cristina están en la lista de las víctimas por el actual juicio por los “vuelos” de la ESMA. Nunca nadie oficializó esta información. ¿Será porque no abandonamos la plaza de la ciudadanía para ingresar al palacio del poder y tenemos menos derecho a la verdad?
    Si se quiere efectivamente hacer justicia y no hacer de los juicios una utilización política, la información es fundamental para aportar pruebas que deliberadamente se buscaron hacer desparecer . De modo que los festejos en la ESMA son una expresión más de lo que se ha profanado, la memoria. El que a alguien se le ocurra bailar en la ESMA, sin remordimientos, comer un choripán sin sentir náuseas, desnuda la ignorancia que tienen sobre lo que realmente ocurrió allí y el utilitarismo político que justifica con razones de necesidad lo que la verdad del corazón mal entiende.
    Quien conozca, haya escuchado o leído las atrocidades y humillaciones que sucedieron en la ESMA no puede siquiera pasar por el frente del edificio de la Avenida del Libertador sin una conmoción. Yo no he ido ni quiero entrar en ese lugar siniestro. Allí no están nuestros muertos sino los fantasmas de los sufrimientos que les causaron. En la ESMA no están los presos desaparecidos que jamás volvieron. Están sí los fantasmas de lo que les hicieron, “la parrilla”, “los vuelos”, las delaciones, el sometimiento a “la esclavitud”. Allí está, también, todo lo que consentimos como sociedad por miedo o indiferencia. Nuestra tragedia y nuestra vergüenza. Todo lo que debemos exorcizar con antídotos democráticos para que sean todos los argentinos, no algunos, los que decidamos qué queremos levantar en ese lugar. Si una discoteca o un mausoleo.
    Como lo único que es imperdonable es el crimen y para eso está la Justicia, le cabe a la política, que es una acción de la sociedad y se expresa a través de las instituciones, garantizar los derechos humanos, que son universales: el único remedio que encontraron las sociedades que, como las nuestras, debieron levantarse sobre los cadáveres. No con murgas ni festejos sino con piedad y respeto, esa emoción con la que hacemos propio los dolores ajenos, base y fundamento filosófico de una auténtica cultura de derechos humanos

  9. Héctor Claudio Palazzo dice:

    En su novela biográfica La Matriz del Infierno , Marcos Aguinis relata que en una isla del
    Delta comienza el adoctrinamiento de Rolf Keiper, un muchacho nacido en un medio con
    carencias socioeconómicas, quien luego será una herramienta incondicional del régimen
    nazi.
    El notable autor hace evidente que la sociedad era incrédula y ajena al engendro que
    desembocaría en el holocausto.

    En La Nación del 24 de Febrero pasado, Gabriel Sued relata el funcionamiento de una
    escuela “para aprender a ser kirchnerista”
    Allí la agrupación Movimiento Evita, parte de Unidos y Organizados, forma cuadros en
    un proceso de “cualificación, capacitación y ordenamiento” de fuerzas juveniles entre
    15 y 30 años, quienes militarán en sus barrios
    Este adoctrinamiento revolucionario culmina con la jura de lealtad a Cristina .
    Queda el interrogante ¿ qué haremos los argentinos ante las gravísimas evidencias de
    lo que se está gestando?
    Héctor Claudio Palazzo

  10. Hector Claudio Palazzo dice:

    En estos días ciertos medios de comunicación dicen que Diana Conti es de izquierda
    ¿La compara con Alicia Moro de Justo o Dolores Ibárruri Gómez, La Pasionaria?
    Con soltura se califica de esa misma ideología con el agregado revolucionarios a
    determinados gobernantes de países sudamericanos o al Papa Francisco.
    ¿Según que parámetros sociales o históricos culturales ?.
    Los populismos acuden a la desviación ideológica para mimetizar la corrupción y autoritarismo.
    Se hace evidente el mal uso del significado de los termino.
    En lo religioso existe una amnesia también selectiva que omite los acontecido en primera mitad
    del siglo XVIl, la Reforma Protestante. Cuáles fueron las causas y consecuencias que aun están
    vivas en la humanidad.
    Comentaristas o periodistas frecuentemente dan por ciertas falacias por desinformación o no,
    particularmente en medios audiovisuales.

    Héctor Claudio Palazzo

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