30 años de Democracia

Texto de Horacio Jaunarena
Llegar a Octubre de 1983 con chances de ganar, por primera vez en la historia, al peronismo en elecciones sin proscripciones no fue una tarea fácil ni exenta de riesgos.

Detrás de ese Octubre, quedaban lasluchas de Alfonsín, cuando, casi en soledad política, reclamaba incansablemente frente a las violaciones a los derechos humanos que se perpetraban durante la dictadura mientras que, otros políticos, que hoy se autoproclaman defensores de esos principios,se refugiaban en la indiferencia o se dedicaban a amasar fortunas como exitosos abogados dedicados a la actividad privada.

Cuando al gobierno militar se le ocurre, en una desesperada búsqueda de apoyo popular, invadir Malvinas e involucrarnos en una guerra que nos costó cientos de vida y la pérdida, por mucho tiempo, de recuperar las Islas, pocas voces acompañaron a Alfonsín en la denuncia del disparate que se estaba consumando.

Cuando parte de nuestra juventud, inspirada y alentada de manera irresponsable por teóricos que hacían apología de la violencia, e instalaban en la política la muerte como moneda de cambio y la conceptuaban como un recurso legítimo para obtener el poder, la juventud radical, alentada por Alfonsín y por quienes lo seguían, levantaban su canto y su militancia en favor de la vida.

Cuando, después de años de desencuentros de las distintas fuerzas políticas que, por eso mismo, perdían la posibilidad de ganar una elección y ser gobierno para consolidar definitivamente la democracia en la Argentina, el radicalismo los convocó a la tarea imprescindible de constituir una fuerza capaz de revertir la historia de sucesivos fracasos y ellas se sumaron al desafío, entonces, la victoria fue posible.

Cuando todo esto ocurrió, se abrió la posibilidad de que el pueblo eligiera, por su trayectoria, su integridad moral, su coraje y su inteligencia a quien, respaldado por un partido político confiable, lo veía, en mejor actitud, para conducir el difícil tránsito que significaba refundar la democracia en la Argentina y sancionar de una vez y para siempre a quienes desde el gobierno o atribuyéndose una representación popular que nadie les había conferido, instalaron la muerte y la violencia en la vida política de la Argentina.
Por todo ello el pueblo nos votó y se ganaron las elecciones.

Pero eso no significaba el fin del camino, era solamente el comienzo de una misión de una dificultad inimaginable. Se trataba nada menos que instalar para siempre una democracia de calidad en nuestra Patria. Se trataba de instalar, por primera vez en el mundo, la decisión de terminar con la impunidad de quienes, sembrando la violencia, habían protagonizado desde el estado, las violaciones más flagrantes a los derechos humanos, y también de sancionar, sin equiparar responsabilidades, a los principales dirigentes de las organizaciones que, como Montoneros y el ERP, habían sido protagonistas de la inaceptable violencia que habíamos vivido durante los años de plomo.

En un contexto económico de extrema complejidad, con una deuda externa que durante el proceso militar se había incrementado de cinco mil a cuarenta y cinco mil millones de dólares, con intereses a pagar por esa deuda que alcanzaban a las nubes, con la caída de los precios de nuestras comodities a sus niveles más bajos, con una comunidad internacional que se solidarizaba con el nuevo gobierno pero que estaba poco propensa a ayudarlo económicamente, con una sociedad fracturada por el dolor y el espanto, con una guerra perdida de la que nadie se hacía cargo, con más de doce mil muertos a quien la represión no les dio oportunidad de defenderse, con cientos de víctimas inocentes de una guerrilla que mataba a mansalva, el radicalismo, sus aliados y el pueblo que lo votó, asumimos la tarea de restaurar en la sociedad sus mejores valores.

La empresa no fue fácil, en el camino, nuestro gobierno perdió a dirigentes fundamentales que estuvieron al lado del Presidente desde los primeros momentos de su lucha. Raúl Borrás, Roque Carranza y Germán López, fueron, entre otros, quienes hasta el último momento, dieron sus vidas por la vigencia de la democracia y de la Constitución.

Fuimos protagonistas de acontecimientos históricos que permanecerán para siempre en la memoria de los Argentinos: El juicio y condena a las Juntas Militares, la labor de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (CONADEP) que investigó las desapariciones durante la dictadura, el “Nunca Más” que con coraje sin límites escribieron personalidades designadas por el gobierno radical, la finalización de las viejas antinomias con Chile y con Brasil, a través de las firmas del Tratado sobre el Beagle y la creación del Mercosur, la derrota de los residuos autoritarios todavía existentes en las Fuerzas Armadas durante los acontecimientos de la Semana
Santa de 1987, Monte Caseros y La Tablada, junto a un pueblo que, esta vez despertó definitivamente del letargo que había acompañado muchas veces a otros golpes militares y se decidió, y lo logró, hacerse dueño de su propio destino, acompañando a un Gobierno Nacional que redujo a los sediciosos sin que en la Argentina volviera a correr sangre de Argentinos.

Llegamos a 1989, y cumplimos con nuestros mejores sueños, con irrestricto respeto por las libertades públicas, con el normal funcionamiento de todas las Instituciones de la República, con un Poder Judicial independiente y respetado, condenados los principales responsables del terrorismo de estado, presos Firmenich y López Rega actores principales de los años de plomo que vivimos en la década del 70, entregamos el gobierno a otro elegido por el pueblo en comicios irreprochables.

Desde entonces rige la democracia en la Argentina, y hoy, luego de treinta años vivimos esta realidad. Durante estos treinta años la democracia soportó duras pruebas que fueron superadas dentro del juego normal de las Instituciones. Las Fuerzas Armadas, protagonistas en otros tiempos de asonadas y golpes, no fueron estas veces parte del problema, sino que contribuyeron a su resolución, acatando, como es su deber, las decisiones de los gobiernos constitucionales para la superación de las crisis.

Hoy vivimos una democracia devaluada, no fue la que soñamos y nos esforzamos en construir. Un gobierno de claro signo autoritario se encarga día tras día de destruir cada una de las garantías que la Constitución prescribe para proteger a una democracia vigente en una República sana.

Se ha destruido el federalismo a través de la apropiación de los recursos que corresponden a las provincias por parte de la Nación. Se ha vulnerado a la libertad de prensa asfixiando financieramente a los medios independientes a través de amenazas a sus auspiciantes y a la arbitraria distribución de la publicidad oficial, se ha violentado la división de poderes esclavizando a través del terror a los legisladores que representan al gobierno y convirtiéndolos en autómatas que votan cuanto atropello se les ordena, han avanzado y pretenden subordinar al poder judicial recurriendo a la amenaza y con la pretensión de aprobar una legislación que los sojuzgue definitivamente, instalaron un nivel de corrupción sin precedentes cuya cabeza es el Vicepresidente de la República. En nombre de la República destruyen a sus Instituciones, en nombre de la democracia, la malversan todos los días.

Esta no es la democracia que soñamos y por la cual luchamos.

En este cumpleaños de treinta años, el mejor homenaje que le podemos hacer a ella, es que nuestro Partido, que fue en 1983 su refundador, convoque, como lo hacía Alfonsin en aquel entonces a “los socialistas de Palacios, a los conservadores de Pellegrini, a los peronistas disconformes,” y asuma, como su deber, que se debe derrotar al gobierno en el 2015 encarando todas las acciones que conduzcan a constituir una fuerza política con todos aquellos que hoy, estén dispuestos a sumarse a la tarea de “Constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra prosperidad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”

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