Mujer y Participación Política

INTRODUCCIÓN:

La baja representación política de la mujer es un tema bien conocidos por todos. Este fenómeno no solo se da en nuestro país, sino que se repite en toda América Latina en proporciones similares.

La implementación de la ley de cuotas, o bien ley de cupos como la conocemos en nuestro país, ha servido para paliar en gran medida este problema de representación, pero bien sabemos, que aún queda mucho por hacer.

En este trabajo desarrollaré en primer término cuales son las principales problemáticas que enfrentamos las mujeres que hemos decidido abocar nuestro esfuerzo, nuestro tiempo, nuestro compromiso y nuestra vida misma a la militancia política.

En segundo lugar, replicaremos cuales son las prácticas aconsejables para fomentar la participación política de la mujer, como así también generar su empoderamiento al interior de las estructuras de los partidos políticos.

 

FEMENIZACIÓN DE LA POLÍTICA:

De acuerdo a investigaciones realizadas por diversos organismos internacionales, en especial IDEA (Instituto para la Democracia y la asistencia electoral), se identifican una serie de factores estructurales, aún no revertidos, que obstaculizan la inclusión de las mujeres desde una perspectiva igualitaria en los procesos democráticos como la existencia de una lógica organizacional “poco amigable” al interior de los partidos políticos y escasamente promotora de sus liderazgos, dificultades en la obtención de financiamiento para sus candidaturas, invisibilización por parte de los medios de comunicación y rezagos de una cultura política poco progresista respecto de su desempeño fuera del hogar.

Es cierto que en los últimos años se ha producido un proceso, aunque insuficiente, de feminización de la política. Es así como EN LOS Poderes Ejecutivos de los países de la región contamos hoy con seis mujeres que han llegado a la presidencia de sus respectivos países:

  • Violeta Chamorro de Nicaragua electa en 1990
  • Mireya Moscoso de Panamá electa en 1999
  • Michel Bachelet de Chile electa en el 2005
  • Cristina Fernández de Argentina electa en el 2007
  • Dilma Rousseff de Brasil electa en el 2011

De todas estas mujeres la única presidente que llevó adelante una verdadera política de igualdad de género fue la presidente Michel Bachelet de Chile.

Su gestión se oriento a la adopción de medidas dirigidas a superar la exclusión de las mujeres en la vida política y económica de ese país, que debían ser implementadas antes de finalizar su mandato.  Dos fueron sus principales proyectos: la modificación de la legislación electoral para incluir una ley de cuotas y el denominado “Código de Buenas Prácticas Laborales”. Conformo el gabinete ministerial de manera paritaria y la extensión del criterio de paridad a todos los cargos de designación política.

Lamentablemente la ley de cuotas no prosperó por falta de consenso y apoyo en el Congreso, pero el Código de Buenas Prácticas Laborales se incorporó en todos los servicios públicos y también ha empezado a ser adoptado por el sector privado de Chile. Entre las medidas que adoptó dicho Código se encuentra la no discriminación en el acceso al empleo, formación y capacitación, mayor participación de mujeres en cargos directivos o de responsabilidad, políticas de conciliación de responsabilidades laborales y familiares y medidas de prevención y sanción del acoso laboral y sexual.

Otro espacio en el que las mujeres también hemos mejorado nuestro nivel de participación es en orden de los gabinetes ministeriales. En este sentido el crecimiento ha sido tanto cuantitativo como cualitativo. No solo hemos aumentado el número de representantes mujeres, sino también hemos ampliado los espacios de participación, ocupando otros lugares que no son los siempre destinados a mujeres que tienen que ver con las temáticas de Educación, Salud y Mujer.

De un total de alrededor de setenta y cinco ministras que se encuentran en gestión actualmente el 29, 3% se desempeña en el área de “Salud, Educación y Cultura” y el 5, 3%  en el rubro “Mujer y Familia”.

De los nuevos espacios en los que las mujeres nos estamos incorporando, existe un importante 21,3% que lidera los “Sectores productivos y medio ambiente”, un 12%en el área de “Igualdad y desarrollo social” y por último un promisorio 6,7% a cargo de las carteras de Defensa y orden interno, es decir, a la cabeza de ejércitos y cuerpos policiales, instituciones de una cultura organizacional predominantemente masculinas. Si sumamos esas cifras, notaremos que más de la mitad de los cargos desempeñados, un 52%, son ajenos a aquellos sectores en los cuales eran encasilladas las ministras décadas anteriores.

La situación se modifica cuando analizamos los porcentajes de representación femenina en el Poder Legislativo, tanto en la Cámara Baja como en la Cámara Alta.

Hace alrededor de una década y media atrás la representación femenina no superaba el 11% en las Cámaras. Sin dudas la implementación de la ley de cuotas ha servido para aumentar la representación femenina.

En el caso de nuestro país, que fue el primero en sancionar la ley de cupo en el año 1991 cuando se aprobó el nuevo artículo 60 del Código Electoral, se estableció incluir a un mínimo de 30% de mujeres en las listas cerradas y bloqueadas que debían estar ubicadas en proporciones con posibilidades de ser electas, especificándose en el reglamento que debía incluirse una mujer por cada dos varones y que si se renovaban dos cargos uno de los candidatos debía ser mujer.

Cuando en el año 1993, pese a la claridad de la norma, los partidos cumplieron el porcentaje pero desconocieron el mandato de posición establecido, algunas candidatas acudieron a la justicia electoral y lograron que la Cámara Nacional Electoral estableciera como base de referencia la “elegibilidad” el número de bancas a renovar por cada partido. Esta interpretación fue recogida por un posterior decreto reglamentario del año 2000 que estableció sanciones claras dotando a los tribunales de la facultad de reubicar de oficio a las mujeres en las listas de acuerdo con las normas establecidas si en un lapso de 48 horas e partido no lo hubiera hecho.

El éxito de nuestro sistema de ley de cuotas se debe a su compatibilidad con el sistema electoral. Las listas cerradas y bloqueadas combinadas  con mandato de posición y un alto grado de magnitud partidaria, prácticamente garantizan un piso mínimo de mujeres electas.

Independientemente de estos avances hay que reconocer que son insuficientes y que aún queda mucho por hacer, no solo para aumentar la representación femenina en los diferentes ámbitos, sino también para generar espacios de capacitación y formación que fomenten esa participación y generen el empoderamiento de la mujer.

 

LOS PRINCPALES PROBLEMAS QUE ENFRENTA LA MUJER

Si Bien las medidas de acción afirmativas como la ley de cupos son muy importantes, inciden solo en un eslabón de la larga cadena de pasos que una mujer debe seguir si desea tener una carrera política, es decir, solo en el momento de la inclusión en las listas electorales para postularse a un cargo de carácter electivo.

Sin embargo, la realidad de la participación política de las mujeres es mucho más compleja y las barreras de acceso que encontramos trascienden a mera oferta electoral, donde hasta el momento si se han logrado algunos avances.

La ley de cupos debe ser vista como uno de los mecanismos, no el único, para lograr una mejor participación de la muer, pero debe ser entendido como un medio y no un fin en sí mismo.

Se distinguen cuatro áreas en las que consideramos las mujeres enfrentan mayores o especiales obstáculos:

  1. Los partidos políticos como porteros de la representación y promotores de liderazgos
  2. Lagunas en el financiamiento público
  3. Ausencia de las mujeres en los medios de comunicación
  4. Resistencia a la igualdad por parte de la opinión pública

En el caso 1, de los partidos políticos como porteros de la representación y promotores de liderazgos es importante realizar un análisis del ámbito partidario para establecer los niveles de equidad en la participación de las mujeres en la política, pues son los partidos los que definen la nómina de candidatos que pueden ser votados por los electores.

La influencia que las mujeres puedan ejercer en esta instancia suele ser clave si se pretende alcanzar una postulación. Cabe preguntarse entonces cuales son los niveles de participación y decisión que tenemos las mujeres en esos ámbitos para que, además de garantizar los cupos legales, se pueda también garantizar la equidad de la participación al interior de las organizaciones partidarias.

Los estudios en los países latinoamericanos demuestran que las mujeres representamos entre el 40 y el 50% de la militancia al interior de los partidos políticos, sin embrago es muy frecuente escuchar a la dirigencia partidaria plantear que no hay mujeres para ocupar los espacios de responsabilidad o bien, que son las propias mujeres las que se niegan a participar.

Este discurso revela la propia ineficacia pa4a convertir a sus militantes en lideresas deseosas y capaces de afrontar una competencia electoral, lo que podría lograrse mediante procesos de formación intrapartidarios de carácter permanente que las doten de la confianza y habilidades necesarias para dar ese paso.

También habla de la poca capacidad para atraer a mujeres provenientes de otros espacios, como por ejemplo del ámbito social, donde se ha demostrado largamente la capacidad de liderazgo de las mujeres.

El problema entonces no reside en la falta de mujeres, sino en las propias estructuras “poco amigables” de los partidos que desincentivan su participación, sobre todo en el caso de militantes que, al ser relegadas a tareas de logísticas u organizativas, gozan de pocos incentivos para construir una carrera política que las lleve a optar por cargos de dirección dentro del partido o de representación popular.

Ahora bien, el hecho de que las mujeres representemos entre el 40 y el 50% de la militancia en los partidos políticos, sumado a que a partir de la sanción de la ley de cupos hemos alcanzado el mínimo del 30% de representación en los cargos electivos no ha no ha tenido como correlato una presencia significativa en los espacios de la toma de decisión y mucho menos aún en el cambio de la estructura organizacional de los partidos políticos.

Las mujeres seguimos siendo bienvenidas a las bases militantes de los partidos, pero el acceso a las más altas instancias no está siendo promovida debidamente por las organizaciones.

La presencia de las mujeres en los espacios de decisión partidaria permitiría preservar, garantizar y promover condiciones más equitativas en su desempeño político, y permitir que los partidos ofrezcan alternativas más equilibradas a los electores respecto del género de sus candidatos.

Con respecto al punto 2, en cuanto a la falta de financiamiento público hay que mirar a esta problemática desde una perspectiva mucho más general. Según estudios de la CEPAL,  hay un altísimo porcentaje de mujeres que ronda el 40% que no poseen ingresos propios. A esto se suma que en todos los niveles económicos las mujeres jefas de hogar tienen menos ingresos que los varones. La discriminación salarial es otro de los problemas que las afecta: las mujeres ganan en general solo el 68% de lo percibido por los varones y en la mayoría de los países de la región el trabajo doméstico que realizan continúa invisibilizado  a pesar de constituir una carga adicional en sus vidas.

La existencia de situaciones de “pobreza con rostro de mujer” constituye una barrera importante para el acceso a la vida pública y el desempeño político de las mujeres, pues es más difícil para ellas acceder a recursos con los que ni siquiera cuentan para el desarrollo de su vida laboral, familiar o personal. Esto se agrava en condiciones de máxima competencia como las que se configuran en una campaña electoral, circunstancias en las cuales el candidato o candidata debe desplegar una estrategia mucho más costosa que le permita posicionarse en la mente del elector.

De aquí en gran medida se desprende el punto 3, la ausencia de las mujeres en los medios de comunicación.

No constituye ninguna novedad que la política moderna se desarrolla teniendo como escenario privilegiado a los medios de comunicación. Estos han dejado de ser meros intermediarios entre el discurso de los líderes y los votantes pasando a determinar la agenda en torno a la cual los políticos diseñan sus estrategias y los ciudadanos con figuran su opinión.

Muchas veces esta agenda no es solo temática, sino también determina quienes son los actores principales de la escena política y de su cobertura depende en gran parte que un candidato no solo aumente su nivel de conocimiento, sino fundamentalmente masifique su mensaje…

Con respecto a las mujeres notamos dos cuestiones: la cuestión de género no forma parte de la agenda pública. El tema no se debate, nadie lo tiene en cuenta, representa menos del 2% de las discusiones que dan los candidatos, por ende no forma parte de los debates en los medios de comunicación. Es así como no llega a formar parte de la agenda pública.

Por otro lado la cobertura que se les da en procesos electorales a las candidatas mujeres es notablemente inferior al tiempo de aire que obtienen los candidatos varones. Aproximadamente podríamos hablar de que las apariciones de mujeres en los medios de comunicación oscilan en un 19% en la prensa escrita, 22,5% en televisión y 27% en radio.

Con esta situación desigual, es muy complejo poder posicionar a las mujeres en el escenario público, que lleguen a ser conocidas y aceptadas por el electorado y que tengan la posibilidad de instalar a la cuestión de género en la agenda pública.

El último punto está referido a una cuestión más de índole cultural arraigada en nuestras sociedades que tiene que ver con una cierta resistencia de la opinión pública a la igualdad.

En nuestra región se ha identificado fuertemente a la mujer con roles reproductivos y/o asistencialistas, una visión tradicional que pese al esfuerzo de muchas por lograr el respeto de sus derechos ciudadanos en condiciones de igualdad y los innegables avances en materia normativa constituye todavía un obstáculo para su inserción en el mundo laboral e invade permanentemente la esfera pública por donde discurre la política.

En una encuesta realizada en el 2005 en los países latinoamericanos, un alto porcentaje de ciudadanos, ‘tanto varones como mujeres, respondieron estar de acuerdo o muy de acuerdo ante la afirmación que planteaba que “es mejor que la mujer se concentre en el hogar y el hombre en el trabajo”. En nuestro país esas respuestas alcanzaron casi el 40%.

Este tipo de percepciones se agudizan al analizar las relaciones entre las mujeres y el tema de los ingresos económicos. En el mismo trabajo de investigación ante la afirmación “si la mujer gana más que el hombre casi seguro que tendrá problemas” en nuestro país el 45% manifestó que era muy cierto.

Estos datos revelan las resistencias que subsisten en las sociedades latinoamericanas para asumir el rol de las mujeres en la sociedad desde un enfoque de igualdad de derechos y oportunidades. Los cambios en la cultura política, influida notablemente por elementos patriarcales, se vienen produciendo pero a menor velocidad de la deseada, aunque es cierto que el aumento de la representación de las mujeres logrado por las diferentes leyes de cuotas este mejorando la percepción del electorado en general en lo referido a la capacidad de liderazgo femenino.

 

LOS DESAFÍOS PENDIENTES:

Si bien es cierto que las mujeres hemos avanzado en los espacios de representación, sobre todo en los cargos electivos producto de la sanción de la ley de cupos, es cierto que aun estamos muy lejos de lograr la paridad que garantice el pleno goce de nuestros derechos políticos.

Si bien es un tema que se está introduciendo en la agenda pública en los últimos años, hay prácticas contradictorias que resultan obstáculos para que las mujeres nos posicionemos en pie de igualdad frente a los varones.

Sin dudas, hay una larga lucha por seguir llevando adelante, ya que lejos estamos de tener la paridad en los cargos de designación política o bien, en los espacios dirigenciales de nuestros partidos políticos, pero hay estrategias que podemos llevar adelante para encontrar soluciones a esta problemática.

  • Promover procesos de debate y reflexión en torno a la necesidad de adoptar acciones afirmativas en las legislaciones nacionales para garantizar niveles mínimos de inclusión en los cargos de designación política dentro de la administración pública
  • Trabajar por una real democratización de los partidos políticos promoviendo la adopción de buenas prácticas que permitan la militancia y liderazgo de las mujeres en condiciones reales de equidad, entre las que se destacan la adopción de cargos reservados para mujeres en la conducción partidaria como la implementación de un proceso de formación y capacitación de las mujeres. Esto necesariamente implica la asignación de recursos específicos para su desarrollo.
  • Generar conciencia de género en todas las mujeres militantes de las estructuras partidarias, como así también de aquellas que provienen de organizaciones sociales. Dar el debate al interior de estas estructuras para concientizar a los varones acerca de la importancia y la necesidad de generar políticas de igualdad.
  • Debatir la cuestión de género de manera transversal en cada uno de los debates que lleve adelante el partido.
  • Apostar desde la militancia partidaria femenina a procesos de autoorganización y empoderamiento que les permitan influir en la igualdad de condiciones en la lógica organizativa y en la toma de decisiones partidarias. Hay que aprobar una ley de cupos para la conformación de las mesas de conducción del partido en cada una de sus instancias.
  • Iniciar procesos de formación, capacitación y acompañamiento a aquellas mujeres que tienen voluntad de liderazgo político, con el fin de contribuir a que sus carreras sean más exitosas.
  • Poner en marcha reformas para la inclusión de criterios de género en las normas sobre financiamiento de la política vigentes, así como la incorporación de criterios desde esta perspectiva para el uso de recursos y control de los gastos de los partidos políticos.
  • Trabajar con los medios de comunicación para desterrar la visión masculinizada de la política y generar estrategias destinadas a incluir en su agenda los temas de género y la cobertura de las candidatas mujeres.

 

SIN DUDAS AUN CUANDO EL DERECHO A SER ELEGIDAS ES INCUESTIONABLE, SOLO ALCANZO EL NIVEL DE IGUALDAD EN SU TOTALIDAD A PARTIR DEL COMPROMISO DE LAS MUJERES EN LA PROMOCIÓN DE LA AGENDA DE GÉNERO PENDIENTE PODREMOS DETERMINAR QUE CON LA PARTICIPACIÓN DE TODAS, HEMOS LOGRADO MEJORAR LA CALIDAD DE LA DEMOCRACIA.

 

 

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